Ayer, aprecié más profundamente el arte de preparar una buena taza de café y el inmenso esfuerzo que requiere su cosecha. Fue mi primera experiencia recogiendo cerezas de café, una tarea que siempre he enfatizado con nuestros productores asociados como un factor clave para obtener café de especialidad para Desnudo.
Debido a la topografía de Colombia, la cosecha de café es una tarea manual y laboriosa. A menudo he escuchado a los agricultores hablar de esto, pero no fue hasta ayer que comprendí realmente las dificultades al visitar a José Chivatá, un pequeño productor de la región de Boyacá. José fue uno de los primeros agricultores con los que empezamos a trabajar en Boyacá, y él y su esposa Carmenza se destacan por su meticulosidad en el procesamiento del café de especialidad.
Con instrucciones claras de José y Carmenza de recoger solo cerezas maduras, contemplé el amanecer lleno de motivación y energía para aprovechar al máximo las horas de luz. El clima era inclemente, las laderas de las montañas dificultaban aún más el trabajo y debíamos ser cautelosos debido a la presencia de animales como abejas, avispas y arañas.
Los granos no maduran de manera uniforme, lo que exige una cuidadosa selección de los más maduros. Tras varias horas de arduo trabajo, logramos cosechar una pequeña cubeta llena de cerezas, lo que me llenó de profundo orgullo. Al reflexionar sobre esta experiencia, comprendí que de esa modesta cubeta, solo una sexta parte se convertirá en café. En verdad, es un trabajo exigente que, al observarlo con más atención, me hizo apreciar aún más el esfuerzo incansable de productores como José y Carmenza.
Con amor,
Manolo
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